3. DROGAS Y EUSKAL HERRIA
Es interesante recordar muy por arriba los cuatro períodos históricos en los que las drogas han tenido especial incidencia en Euskal Herria. Decimos cuatro por dos razones: una, porque aunque siempre se han consumido drogas en Euskal Herria, como en todos los pueblos y culturas, sí ha habido momentos en los que el consumo ha adquirido más relevancia e impacto por algún motivo; y otra, porque en esos cuatro períodos sí tenemos datos o referencias relativamente fiables de su consumo, o al menos, como veremos, versiones interesadas del poder extranjero que nos oprimía en ese momento, de modo que, con esa base, podemos extraer algunas lecciones muy interesantes.
El primero es el período de la Alta Edad Media, cuando varios cronistas de potencias extranjeras, o para usar términos actuales, espías y propagandistas, ponen a caer de un burro a l@s vasc@s por su ferocidad, paganismo, hábitos sexuales y apego a la bebida, a la droga del alcohol. Es cierto que ya los cronistas romanos hablan de la sidra que bebían los pobladores del norte peninsular, pero no insistían en su gran consumo, como lo hicieron algunos cronistas posteriores. El segundo es el período de las persecuciones de brujas, cuando se decía que en los akelarres se bebían pócimas y ungüentos -drogas- que servían para hablar y copular con el diablo, para volar, etc. El tercero, es el período de formación de la clase obrera en el gran Bilbao, a finales del s.XIX y primeros años del XX, cuando el alcoholismo era masivo. Y el cuarto, en el período de finales de los setenta, cuando la heroína es introducida masivamente contra la juventud vasca.
Hay que insistir en que hay referencias claras en otros períodos al uso de drogas, casi exclusivamente alcohol, en nuestro pueblo, e incluso a algunas preocupaciones del poder sobre el tema, pero nos interesan estos cuatro porque nos permiten tres lecciones: una, que los poderes de esos momentos UTILIZAN EL CONSUMO DE DROGAS al margen de cuáles, cómo y porqué se toman PARA CRIMINALIZAR A L@S VASC@S. En los cuatro momentos, ese consumo aparece, en síntesis, como una demostración de la peligrosidad vasca y de la necesidad de tomar medidas, las que fueran adecuadas en cada momento, contra esos peligrosos seres. Otra, que esos poderes INTENTAN PRESENTAR UNA DIVISIÓN INTERNA ENTRE VASC@S BUENOS Y MALOS, los primeros eran y son los cristianos, los que aceptan el poder y no se drogan, y los segundos son justo lo opuesto. Y la última lección, es que los cuatro períodos FUERON SEGUIDOS MAS O MENOS INMEDIATAMENTE POR UNA OLEADA REPRESIVA que tomó diversas formas, desde guerras e invasiones, como las que se sucedieron tras el primer momento, como la represión inquisitorial en el segundo, como las intervenciones represivas del ejército español y de la guardia civil contra las huelgas obreras, y por último, los sistemas represivos sucesivos desde finales de los setenta.
La interpretación más lógica de esas lecciones en épocas y problemáticas tan diferentes, aunque unidas en el fondo, es que existe una táctica común desde hace siglos consistente en CREAR LAS CONDICIONES IDEOLÓGICAS PARA UNA REPRESIÓN O UNA GUERRA. Lo que ahora llamamos "criminalización" era antiguamente "acusación", "demonización" o "barbarización", es decir, presentar a la próxima víctima como un peligro, como alguien que incumple la ley y que por eso merece castigo. Además de las drogas, en la historia de esta táctica tan vieja se han utilizado otras excusas: ideas políticas y sociales revolucionarias, comportamientos culturales y sexuales heterodoxos, creencias religiosas no admitidas, pertenencia a otras etnias, grupos o castas, pertenencia a otro sexo y sobre todo el femenino, etc. Muchas veces ha tomado la forma de "chivo expiatorio" o colectivo que carga sobre sí la responsabilidad de todos los desastres, problemas y desgracias, como es, casi siempre, el caso de las minorías y de los grupos que sufren racismo. Pero lo que nos interesa para el tema que tratamos es que esa táctica Y SUS EFECTOS REPRESIVOS se ha aplicado contra Euskal Herria mediante la excusa de la droga. Aunque en cada período esa droga estaba dentro de una totalidad específica, aparece como una constante, como el denominador común, en todos ellos. Aunque los orígenes de la sidra y las setas para los akelarres no provenían del proceso de la economía dineraria plenamente desarrollada, como sí sucedía a finales del siglo XIX y en la actualidad, la utilización propagandística por el poder fue la misma, salvando las distancias. Estas constantes, más lo arriba visto sobre la economía criminal e ilegal, nos permiten avanzar ya en los cuatro niveles propuestos al comienzo.
3.1. Drogas y libertad personal consciente.
Dos cosas antes de seguir: una, en este nivel de práctica no es importante, e incluso no interesa, entrar al asunto de la libertad personal y subjetiva para el USO NO ALIENADO de drogas por parte de la gente, porque esta cuestión debe tratarse con mucha más profundidad y extensión en el segundo, nivel, como veremos. Otra, que sin embargo sí hay que hacer una referencia a la libertad personal consciente para preparar la base argumentativa posterior, en concreto de la alternativa que se defiende. La introducción a modo de presentación del debate debe resumir la totalidad de los argumentos.
3-2.- Antigüedad del consumo de drogas.
El consumo de drogas es una práctica demostrada incluso de mamíferos no humanos. En la especie humana su consumo es tan antiguo como los primeros datos serios sobre su alimentación y cultura. Con esta primera idea queremos dejar claro que el problema de las drogas, en plural, no puede ni debe ser utilizado para criminalizar desde el poder. Esta cuestión es decisiva, porque uno de los grandes beneficios que obtiene el poder de la economía ilegal de la droga es el de preparar la represión contra ciertos sectores previamente seleccionados o condenados ya a ser machacados.
3-3.- Condiciones objetivas y subjetivas de cada período.
El consumo de drogas debe ser analizado, por tanto, en base a las condicionantes objetivas y subjetivas de cada período, no de forma absoluta y metafísica, como lo hace tramposamente el poder. Con este argumento estamos insistiendo simplemente en los rudimentos metodológicos de cualquier investigación científica y crítica.
3-4.- El problema crucial de la libertad y de la alienación humanas.
El consumo de drogas, por tanto, exige plantear el problema crucial de la libertad y de la alienación humanas. Pero como esa cuestión exige, previamente, el conocimiento de las estructuras sociales que determinan a nuestra especie, dejamos para el segundo capítulo esta cuestión decisiva para elaborar cualquier alternativa y pasamos ahora a la crítica de los intereses del poder. Con este argumento estamos diciendo a la gente que ha de atender al segundo nivel porque no podemos caer en el error de mezclarlo todo, confundirlo y decir generalidades enrevesadas.
3-5.- Drogas legales médicas, drogas legales de consumo social masivo y drogas ilegales.
El consumo de drogas, además, ha de verse desde tres perspectivas escalonadas: la de las drogas legales vendidas por el sistema médico establecido; la de las drogas de consumo legalizado vendidas por la economía normal y por último, la de las drogas ilegales vendidas por la economía criminal y por los intereses políticos opresores. Las tres perspectivas de análisis responden a tres grandes áreas interrelacionadas por la misma lógica del beneficio burgués.
Las drogas del sistema médico tienen la función elemental de mantener activa la fuerza de trabajo; de mantener dentro del orden dominante los desgastes, crisis y estallidos de la estructura psicosomática humana, cada vez más desestructurada y tensionada hasta límites insoportables por las nuevas exigencias del capitalismo mundializado; de potenciar aquellos comportamientos de hiperactividad y alto rendimiento que se exige a la gente en determinadas circunstancias, y que no se pueden lograr mediante las drogas legales normales y las ilegales, aunque sean de efectos estimulantes y euforizantes inmediatos y explosivos, pero dañinos por sus consecuencias posteriores. Una parte reducida de la función de las drogas legales del sistema médico es la de aliviar el dolor de las enfermedades humanas, aunque esta parte sea la más ensalzada por la propaganda médica.
Las drogas legales de consumo social masivo tienen la función de mantener activas muchas fuerzas imprescindibles para el rendimiento laboral, en el trabajo doméstico, en las relaciones públicas jerarquizadas, en las relaciones mal llamadas privadas y sometidas a las disciplinas de poder que funcionan en esa esfera; de mantener en la subjetividad individual unos suficientes niveles de sedación o hiperactividad falsa, forzada, pero necesaria para cumplir con las exigencias del orden; de ahogar periódica o frecuentemente a la persona en una ficción escapista que le sumerja en un mundo ajeno y transitorio, cada vez más breve, que le dé calor y sentido en una existencia gélida y sin sentido. Los límites de su consumo excesivo son marcados por cuatro criterios establecidos por la dinámica histórica del poder existente en ese momento: la efectividad laboral afectada por la merma de las facultades y de la salud; el cumplimiento de las leyes establecidas cuando el comportamiento se vuelve excesivamente agresivo o atenta contra la propiedad y las fuerzas represivas; el cumplimiento de los convencionalismos de comportamiento establecido como la forma de vestir, moverse, vivir y ganarse la vida de grupos o individuos que rompen esos convencionalismos y, último, el costo económico que para la clase dominante suponen las enfermedades causadas por la ingesta de esas drogas. Cuando se dice que tal o cual droga, tabaco, alcohol, etc., causan tales o cuales enfermedades que cuestan tantas cantidades de dinero a la "salud pública", la burguesía está diciendo que no está dispuesta a dedicar dinero del que expropia al pueblo trabajador para sanar su salud; está diciendo que esas enfermedades serán cada vez más pagadas privadamente, por el afectado o su familia, que no por la supuesta "salud pública". Y como el nivel de drogadicción masiva legal aumenta, aumentan los gastos y la burguesía no quiere seguir mermando sus beneficios e impone la privatización.
Las drogas ilegales tienen la función de sacar al mercado del consumo alienado aquellas drogas que por lo que fuera no son aún legales, o son de muy difícil adquisición legal, de modo que mantiene una capa social manipulable y utilizable para muchas cuestiones, como hemos visto arriba; también tiene la función de satisfacer el consumo de productos todavía ilegales aunque los consumidores no estén alienados y dominen ellos a la droga y no a la inversa, es decir, de aquellos estamentos del mercado que por lo que fuera están fuera de la legalidad y, último, tienen la función de servir como armas bioquímicas contra las resistencias.
3-6.- La lógica del beneficio burgués que interrelaciona drogas médicas, legales e ilegales e impide a la larga su "normalización".
La lógica del beneficio burgués que interrelaciona esos tres niveles no es otra que la del mantenimiento del poder burgués. La continuidad del capitalismo es ya imposible sin el poder absoluto: de la economía, del cuerpo, de la psique y de la mística de la libertad individual. Los tres niveles logran que la enorme presión acumulada no haga estallar la olla social. La drogadicción masiva mediante el sistema médico, el consumo social normalizado, y el consumo ilegal, permite que inmensas masas de desgraciad@s, infelices y atormentad@s seres se crean que no lo están, o que lo están menos de lo que realmente lo están, o que podían estar peor de lo que ya lo están. De este modo, junto a otros mecanismos del sistema, miles de seres se dejan medicar, y otros miles piden, exigen, más medicación con psicofármacos, o mantienen niveles de drogadicción normalizada, o buscan en el mercado ilegal las dosis que necesitan.
Es esta lógica del beneficio total la que impone los límites de la normalización plena del consumo ilegal y la que regula la normalización del consumo legal. En realidad, la normalización ES EL NOMBRE QUE SE PONE AL EQUILIBRIO SIEMPRE TRANSITORIO, FUGAZ E INCIERTO ENTRE LA TASA MEDIA DE BENEFICIO TOTAL DEL OPRESOR Y LAS DEMANDAS GLOBALES DE DOSIS DE DROGAS POR PARTE DE LA SOCIEDAD. Dicho en otras palabras, la normalización es el nivel permitido por el poder y funcional a sus intereses de consumo de drogas ilegales no calificadas como "duras", e incluso, en los casos extremos, también de éstas, como veremos. Normalización es así, por ejemplo, la tolerancia con que el poder deja que determinadas redes vendan marihuana, por ejemplo, para que circule en determinadas horas y fechas, con tal de mantener el equilibrio controlador del sistema en su conjunto. Siguen siendo ilegales pero son toleradas en gran medida, siempre que por disputas entre intereses internos a los traficantes, relacionados con el poder, o por intereses propagandísticos sobre la "seguridad ciudadana", por ejemplo, NO SE DECIDA ARREMETER CONTRA ELLAS.
Naturalmente, todo depende de la clase de droga ilegal. Hemos puesto el ejemplo de la marihuana, pero más crudo y aleccionador es el de la heroína. En este caso, la "normalización" supone que el orden tolera que circulen las dosis suficientes para que no aumente la tasa media de delincuencia si la oferta decrece por detenciones masivas. Recordemos lo que sucedió en Madrid cuando por impericia y ganas de dar palos autoritarios, la policía procedió hace unos meses a detenciones masivas de repartidores en los barrios míseros: al desaparecer la oferta y aumentar la demanda, se multiplicaron los monos y con ellos las agresiones y los problemas. A LOS POCOS DIAS EL ORDEN TUVO QUE "NORMALIZAR" EL REPARTO CONSENTIDO Y CASI SIEMPRE CONTROLADO. INMEDIATAMENSE LA TASA DE DELINCUENCIA BAJÓ A SUS NIVELES "NORMALES". Lo mismo sucede con cualquier droga: hace poco más de un año, las distribuidoras legales de tabaco acapararon la mercancía porque iba a subir su precio legal; los estancos, bares y proveedores legales se quedaron sin producto y se armó tal follón que Tabacalera tuvo que cambiar sus planes.
Por esto, cuando hablamos de "normalizar el consumo de drogas" estamos moviéndonos en el plano de los intereses capitalistas siempre que no introduzcamos el tema del uso no alienado de las drogas consideradas como "blandas", es decir aquellas cuya reducida capacidad de adicción permite al sujeto un mayor control, que lo tocaremos luego. Pero si hablamos de "normalizar el consumo" sólo desde la perspectiva tramposa del "orden público", o de la facilidad del acceso legal para evitar la delincuencia, o de la necesidad de controlar el dinero negro de la droga, etc., no hacemos sino aceptar el marco del sistema pues éste es el que decide según sus ganancias, pérdidas e intereses totales. La progresía y las izquierdas cómodas, que sólo piensan en parámetros de reforma pacífica de las cosas, reducen la "normalización" al reconocimiento fáctico e incluso legal del consumo "normal" de las drogas "blandas", y de las llamadas "duras" previa negociación de sistemas regulares, controladores y aseguradores de la higiene pública y de la salud personal. Desde esta perspectiva, la normalización es la toma de postura a favor de aquellos sectores de la economía de la droga interesados en su integración en la legalidad, en los impuestos, controles y tasas, como el alcohol, o como cualquier psicofármaco de venta con o sin receta. En absoluto es una crítica radical de la producción social de drogodependencias para el beneficio privado de la minoría dominante.
La "normalización" definitiva es imposible a la larga dentro de la economía y sociedad capitalista. Esta cuestión es clave porque nos permite comprender mejor el problema de la legalización de las drogas, del que luego hablaremos. Es imposible a la larga por la misma naturaleza del sistema que hace que, de un lado, sean normalizados aquellos productos que cumplen sus efectos mejor en la legalidad opresora, mientras que, de otro lado, le interesa mantener otros sin normalizar porque su efectividad opresora aumenta así. Pero esta es sólo la parte menos importante del asunto, y una consecuencia de la realmente fundamental: LA LÓGICA DEL BENEFICIO EXIGE QUE LA SOCIEDAD CAPITALISTA GENERE SIEMPRE ECONOMÍA CRIMINAL, DROGA Y DROGODEPENDIENTES. Se trata de una necesidad genética, ciega, objetiva, férrea. Ya hemos hablado de la economía criminal en el punto 2 y no nos extendemos ahora. Esa necesidad hace que surjan periódicamente contradicciones no antagónicas dentro del capitalismo entre las fracciones que COMPRENDEN Y POTENCIAN EL USO DE LAS DROGAS COMO NEGOCIO Y ARMA OPRESOSA y quienes por diversos intereses exclusivamente egoístas, pretenden regular, controlar o normalizar en ese período concreto el problema. Cada fracción tiene sus recursos, sus ideólogos y propagandistas, sus "tontos útiles" como los papanatas de las izquierdas cómodas y melifluas, los colectivos humanitaristas que son incapaces de rascar la superficie de la propaganda y conocer que hay por debajo de ella, que desconocer la verdadera naturaleza del capitalismo.
3-7.- Las estrechas relaciones entre drogas médicas, legales e ilegales y el papel clave de los servicios policiales.
La lucha entre estas fracciones no antagónicas se libra con medios y recursos diferentes. Aunque en el interior de los aparatos administrativos, burocráticos, económicos, etc., las relaciones entre la droga legal del sistema médico, la legal del consumo social -que entra en contradicción con el anterior: el tabaco con la prevención del cáncer, por ejemplo- de masas y la ilegal, esas relaciones son mucho más estrechas de lo que nos dice la prensa del poder. La economía ilegal de la droga, por ejemplo, no tiene ningún problema en adquirir mediante sus contactos en hospitales, consultas médicas, farmacias e industrias farmacéuticas, dosis de drogas "limpias", no rebajadas ni mezcladas con otros productos como en el tráfico ilegal, y vender o regalar esas dosis puras entre la alta burguesía. La droga legal no tiene reparos en contrabandear ingentes cantidades de drogas en barcos, grandes camiones y vagones de ferrocarril según qué droga sea: tabaco, alcohol, café, té, etc. Esas mismas redes son las utilizadas también por el tráfico de drogas ilegales: marihuana, cocaína, opio puro, etc. Podríamos seguir con los ejemplos: el de los canales de circulación y reparto de las nuevas drogas de diseño producidas tranquilamente en industrias del este europeo, ex-"socialistas", y que son comercializadas en el oeste europeo, etc. Pero lo que sí hay que decir es que la inmensa mayoría de esas redes, relaciones, contactos y puntos de confluencia ESTAN RELACIONADAS CON LOS SISTEMAS ALEGALES DE ESPECULACIÓN FINANCIERA. También hay que decir que muchas de ellas están controladas por los múltiples y abundantísimos servicios policiales, tan corruptos muchas veces como la misma economía criminal. LAS ESTRATEGIAS DE PODER Y LA MISMA METODOLOGÍA DE FUNCIONAMIENTO DE LOS SERVICIOS SECRETOS, además de la inevitable corrupción, EXPLICAN EL QUE ESOS SERVICIOS CONTROLEN A DISTANCIA, O DESDE DENTRO, MUCHAS DE ESAS REDES.
3-8.- Los verdaderos intereses de clase de los propietarios del negocio de la droga y la estructura real de la economía capitalista y los intereses estratégicos de quienes la controlan.
Sería ahora imposible entrar en pormenores sobre qué fracciones están interesadas en la normalización y/o legalización de las drogas, de qué drogas y con qué condiciones, etc. Tanto más difícil cuanto que deberíamos analizar esas fracciones a escala mundial, los países en los que producen esas drogas, las clases dominantes que se benefician, las alianzas y disputas múltiples, sus relaciones con los tres bloques imperialistas y con la dinámica general del capitalismo mundializado y un larguísimo etc. Quiere decir todo esto que es ridícula y engañosa cualquier propuesta sobre la normalización y/o legalización que no parta de una crítica del papel y función de la rama criminal en la globalidad de la economía capitalista actual. Por ejemplo, además del problema decisivo de las relaciones de las transnacionales de la medicina con las clases dominantes de los países productores de opio y otras substancias, también hay que tener en cuenta, entre otras cuestiones, las relaciones mutuas entre los sistemas de especulación financiera y de éstos con las transnacionales de la medicina, etc. Por último, del interés real y directo, aunque silenciado, negado, de poderes como EEUU por controlar bajo manga la producción y reparto de drogas en cuanto arma opresora interna y externa. Se ha demostrado que la contra centroamericana y los gusanos anticubanos eran alimentados no sólo con las ayudas legales yankis, sino también, en secreto, con los fondos que la CIA y otros organismos obtienen de las drogas.
Antes esta enorme estructura material, pierde importancia el argumento común de la progresía de que no se normalizan las drogas porque su ilegalidad legitima el control social en aumento, Es cierta esta tesis y explica muchas cosas, pero no es la fundamental. Por ejemplo, muy recientemente en Alemania se ha legalizado la impunidad del espionaje policial por medio de la escucha a distancia de conversaciones privadas con la excusa de lucha contra la delincuencia, las drogas, la corrupción, etc. Lo mismo ha sucedido anteriormente en Austria y lo mismo se había propuesto en Gran Bretaña. La realidad es más compleja y más peligrosa. En realidad, esa ampliación de los sistemas represivos es debida, antes que nada, a los temores burgueses por la crisis que galopa en esos y otros países, por la aparición y crecimientos de nuevas resistencias y luchas, etc. Esta es la razón principal y estratégica que intentan ocultar con la excusa de la lucha contra la droga y la delincuencia. Ahora bien, eso no quiere decir que tales nuevos recursos técnicos de espionaje no se utilicen en las luchas entre fracciones diferentes del negocio de la droga, o para aniquilar a alguna red importante como escarmiento, ejemplo, propaganda, etc.
Queremos decir que hay que estudiar y criticar el asunto de la normalización, en primer lugar, desde y para los verdaderos intereses de clase de quienes son propietarios del negocio de la droga, y sus beneficiarios en definitiva. También hay que hacerlo, en segundo lugar, desde y para quienes sufren sus efectos destructivos, es obvio, pero ese análisis, y las propuestas que desde él se hagan no valen en absoluto si no se tiene en cuenta la estructura real de la economía capitalista y los intereses estratégicos de quienes la controlan. Por ejemplo, uno de los poderes que más presiona para que no se normalice y menos aún se legalicen las drogas es el Vaticano. La razón aparente es que lo hace por fe, coherencia religiosa y humanismo, pero las razones reales son dos: el dinero que la Banca Vaticana obtiene de su participación secreta en la economía criminal, y las pruebas son apabullantes, así como en industrias como la de condones y otras, y el problema del monopolio de otra droga, de otro opio, el religioso, cuestionado por el crecimiento de otras alternativas idealistas que sí admiten o toleran el uso de determinadas drogas en sus adictos, y también sobran los ejemplos.
3-9.- El factor ideológico de los sectores de la burguesía enemigos de la normalización por sus convicciones.
Viendo todo lo anterior, no debemos caer en el error opuesto de minusvalorar la importancia cierta del factor ideológico en algunos sectores de la burguesía enemigos de la normalización por sus convicciones. Pero son menos importantes y poderosos, verdaderamente secundarios, de lo que sospechamos, y hacen el juego a quienes desde atrás deciden quienes tienen que escribir, hablar o aparecer en la prensa. Aquí, como en todo, la doble moral establecida juega un importante papel: por ejemplo, una campaña contra la droga llevada por un presentador cocainómano y patrocinada por una destilería de bebidas de media graduación. Los ejemplos abundan. De cualquier modo, lo que hay que tener en cuenta es que esas fuerzas que vociferan son también funcionales al sistema porque con sus gritos exigen la multiplicación de las policías y del control social. Esto es tan obvio que no nos extendemos.
3-10.- Las drogas como arma bioquímica del Estado opresor.
La interrelación de los tres niveles de drogas -las médicas, las sociales legales y las ilegales- permite, además, que el Estado prepare y organice mucho más efectivamente su uso como arma bioquímica. La ingesta masiva de alcohol barato y peleón, "vino obrero", a finales del s.XIX, se vio facilitada por la derrota militar de 1875, cuando España suprimió las aduanas e impuso la libre entrada de sus productos en Hegoalde. La llegada masiva de heroína al final de los setenta de este siglo se vio facilitada por el poder omnímodo de las fuerzas represivas en la política estratégica contra el independentismo. Queremos decir que el Estado tiene recursos suficientes para organizar la guerra bioquímica. Con el desarrollo del mal llamado "Estado del Bienestar" (?), con la aparición de la llamada "seguridad social", y la división en los tres niveles citados, AUMENTAN ESOS RECURSOS ESTATALES. Las recientes drogas de diseño, que tienen tantos nombres como reclamos para su venta, son un producto directo de la alianza práctica entre la ciencia farmaco-química, los intereses de las fracciones de la economía criminal más la intervención de las policías en la permisividad de su producción y comercialización. La posibilidad de que los servicios secretos manipulen el comercio de las nuevas drogas viene facilitada, además, por su control directo o indirecto de las redes ya existentes y que se dedican a las "viejas" drogas ilegales. Las policías terminan conociendo más temprano que tarde las disputas, fricciones y peleas que surgen entre las redes existentes, que se esfuerzan en controlar el nuevo producto.
Las formas actuales de diversión masificada nocturna, en locales de baile y con una decoración apropiada, altísima contaminación acústica, luces y sombras, etc., situados en rutas precisas, la del bakalao o simplemente en calles y plazas, facilita la competitividad entre redes y los choques entre estas. Las policías terminan conociendo esas crisis e incidiendo en ellas. Tienen multitud de recursos para controlar desde dentro ese mundo y para, como hemos visto anteriormente, chantajear, amenazar, pactar, etc., con los traficantes. Para mantener la sensación e imagen pública de efectividad y "protección ciudadana", periódicamente se detiene a los menos importantes, a los sitos en las escalas más bajas, o se destroza a aquellas redes que no interesan por diversas razones. Las que no son destrozadas es porque interesan al poder al funcionar dentro de su plan de guerra bioquímica con la droga ilegal. También funcionan para sacar información, controlar determinados barrios y a determinados locales y gentes, e incluso para servir, si fuera necesario, de grupos de choque de extrema derecha. En los asaltos a sedes abertzales en el verano'97 participaron conocidos traficantes y repartidores de drogas ilegales.
3-11.- Cocaína y drogas de diseño: nueva línea de ataque del Estado opresor en el frente bioquímico. Méritos y fallos de la izquierda abertzale.
El estancamiento del consumo de heroína, el aumento del de cocaína y sobre todo de las drogas de diseño, se debe a varios factores: uno, a la concienciación popular del carácter asesino de la heroína, concienciación lograda tanto por la lucha implacable de la izquierda abertzale como por el efecto del SIDA. El aumento de la cocaína, de la raya, se debe a la débil lucha denunciadora, a que no produce SIDA y a que no están todavía suficientemente socializados los conocimientos científicos sobre sus demoledores efectos, es decir, se debe a la pasividad abertzale y a la ignorancia social y AMBAS COSAS TIENEN ARREGLO. El aumento impresionante de las drogas de diseño se debe, además de a lo mismo que antes, A LOS CAMBIOS SOCIALES Y A LA NUEVA OFENSIVA DEL ESTADO. Los cambios sociales son los que afectan a la precariedad de la juventud, que ve reducirse sus formas y horas de diversión a los fines de semana y que concentra en ese tiempo todas sus ansias expansivas ciegas y acríticas. En esas condiciones, la economía criminal tiene todas las de ganar por las peculiaridades de las nuevas diversiones, peculiaridades antes citas en cuanto a locales y rutas, etc. Pero también incide en su expansión el que se conoce el SIDA y se desconocen los efectos destructores de las nuevas drogas. Por último, y no hay que menospreciarlo, a la cíclica ruptura en los hábitos y modas intergeneracionales por la tendencia de las generaciones más jóvenes a diferenciarse de la de sus herman@s mayores. Con una situación así es fácil que una nueva droga, una "droga limpia", arrase.
Pero es sólo una parte del problema, porque existe la otra parte: la estrategia represiva del Estado. Pensamos que no es casualidad que las nuevas drogas tengan tanta y tan fácil distribución justo cuando se producen en poquísimo tiempo una serie de cambios que reducen al máximo la efectividad de la anterior estrategia de la heroína: primero, la lucha implacable y con todos los medios, contra los altos traficantes que mantuvo la izquierda abertzale; segundo, la denuncia pública incuestionable del papel de las drogas ilegales en la guerra antiindependentista y de la función de las policías en su distribución, denuncia que es producto de la sistemática y paciente tarea de la izquierda abertzale; tercero, los propios datos sobre el carácter asesino de la heroína, que se sumaban a los anteriores; cuarto, la irrupción de una generación que ha vivido en sus herman@s y conocid@s muchos de esos problemas y que no ha tenido que pasar por ellos para aprender de su extrema peligrosidad, y quinto, la consiguiente movilización social mayoritaria contra todo ese asunto. Estos cambios, que no se entienden sin el mérito impresionante de militantes abertzales de han dado sus vidas por lograrlo, HAN FORZADO AL ESTADO A BUSCAR OTRA LÍNEA DE ATAQUE EN EL FRENTE BIOQUÍMICO.
Las transformaciones sociales descritas han facilitado ese ataque, PERO TAMBIÉN EL INNEGABLE RELAJAMIENTO DE LA IZQUIERDA ABERTZALE AL RESPECTO. Un relajamiento que tiene dos causas que debemos analizar: una, no estudiar a tiempo el conjunto de cambios sociopolíticos, socioeconómicos y culturales que propician el aumento del consumo de cocaína, de nuevas drogas ilegales y el aumento explosivo de viejas drogas tradicionales pero presentadas con nombres y combinaciones nuevas. La otra razón es la de haberse dormido en los laureles de la victoria cierta sobre la heroína, SIN PREVER QUE EL ESTADO CONTRAATACARÍA POR OTRO LADO. Tras la muy positiva denuncia del uso estatal de la droga como arma de guerra, la izquierda abertzale ha bajado el pistón, precisamente cuando se acentuaban los cambios sociales descritos y cuando, en respuesta, el Estado, atacaba por otro lado. Nos hemos dormido en los laureles cuando era conveniente, además de rentabilizar la victoria contra la heroína y el Estado, TAMBIÉN ESTAR A LA ALTURA Y RAPIDEZ DE LOS CAMBIOS ESTRUCTURALES QUE CONLLEVABAN UN LANZAMIENTO DE OTRAS DROGAS Y DE LOS MUY PREVISIBLES CAMBIOS EN LA OFENSIVA ANTIINDEPENDENDISTA. Una consecuencia de tal retraso es el relativo desconcierto que ahora tenemos sobre las nuevas formas de drogadicción, por ejemplo.
En estas condiciones, el Estado apoya, impulsa y no reprime las nuevas drogas con objetivos claros: uno, recuperar el espacio perdido por la respuesta abertzale en sentido general, en toda la sociedad, y especialmente en lo relacionado a las redes de reparto, animándolas, movilizándolas directamente contra el independentismo, es decir, AMPLIAR LA PRESIÓN GLOBAL ANTIVASCA RECURRIENDO A TODOS LOS RECURSOS MOVILIZABLES CON LA ECONOMÍA CRIMINAL. No debe sorprendernos este paso lógico con la dinámica estatal.
Dos, romper y revertir el aumento del independentismo en la juventud vasca, ofreciéndole masivamente otras drogas y formas de consumo y diversión que, por las razones que hemos visto, cogen por sorpresa a la izquierda abertzale en ese aspecto concreto. De este modo, con la ayuda inestimable de una impresionante presión propagandística, incremento represivo descomunal, diluvio sobre el "apoliticismo de la nueva juventud", etc., pretende levantar un muro de contención antiindependentista.
Y tres, presentar otro modelo alternativo al ya desacreditado a sectores adultos, cortando de cuajo su posible concienciación e intentando movilizarlos de nuevo contra la izquierda abertzale AHORA CON LA EXCUSA DE LAS NUEVAS DIVERSIONES, DE LAS NUEVAS DROGAS, ETC. En el fondo, lo que busca es recuperar el terreno perdido en estas franjas y abrir en ellas nuevas dependencias y pasividades colaboracionistas cuando se endurece la represión hasta niveles impensables hace poco.